Cuatrociénegas: por cada litro de agua que recibe, le sacan tres
La siembra de alfalfa, voraz consumidora del agua escasa de las pozas fósiles donde se conservan formas de vida del precámbrico, amenaza con colapsar esta “máquina del tiempo” única en el mundo.
Cuatrociénegas .- Antes de Adán, no hubo aquí un paraíso; se extendía el inmenso mar somero de Tetis sobre todas estas planicies hoy sometidas por la inexpugnable fortaleza de dos sierras madres.
Lo que sobrevive del piélago primitivo son apenas algunos centenares de pozas pequeñas y medianas, con aguas calmas de colores fantásticos que vibran en medio de la implacable soledad del desierto.
En estas modestas charcas hay vida.
Pero no cualquier manifestación.
El agua fosilizada, residuo del antiguo océano, contiene pocos “nutrientes libres” (como el fósforo y el nitrógeno), lo que no permite el desarrollo de algas y hace que las bacterias sean la base alimenticia, como en los ecosistemas primordiales.
A esta característica hay que añadir una red hidrológica que permaneció aislada millones de años.
Estos factores propiciaron especies de peces, anfibios, reptiles, crustáceos, con adaptaciones únicas, cuya distribución mundial suele no rebasar algunos metros de la orilla del estanque donde nacieron.
Son alrededor de 80 variedades, cuya prodigiosa existencia ha tentado a los naturalistas a comparar este remanso del desierto de Chihuahua con las famosas Galápagos del Pacífico, las islas fabulosas de la expedición del Beagle que inspiraron El origen de las especies y la selección natural, la Biblia del evolucionismo.
Pero sin duda el joven Darwin habría envidiado el hallazgo más extraordinario de estos embalses misteriosos: los estrematolitos, las colonias de bacterias que sustentan todo el sistema, considerado el linaje más antiguo del planeta.
El viajero está, pues, detenido en el páramo, rodeado de montañas colosales y enjutas, bajo un sol poderoso, entre juncos que cortejan las aberturas de un mar extinto.
Y se topa con un instante del Génesis.
En estas rocas de apariencia inerte, le advierten sus guías, comenzó la larga y milagrosa carrera de la vida, hace 3,500 millones de años.
La caída
La producción de alfalfa, importada de las cuencas lecheras del vasto norte mexicano, tiene más de 30 años en la zona de Cuatrociénegas.
“No es el gran negocio, pero nos da de comer, un chequecito cada mes”, señala don René Cantú, miembro del ejido homónimo, visto por algunos como “hombre fuerte” o “cacique”; ejemplo de la raza que ha domeñado el desierto.
La alfalfa es voraz consumidora de agua. Cultivo perenne, demanda hasta dos metros y medio de lámina anual, mientras los últimos años ha llovido apenas 160 milímetros: 1,500 por ciento más agua de la que produce el ecosistema.
No obstante, es muy nutritiva para el ganado (en árabe significa “el mejor forraje”), tiene alta tolerancia a las sales, y es resistente a las enfermedades, pues fue domesticada en zonas cercanas al mar.
¿Cuál ha sido la solución para sostener un cultivo tan sediento en una región tan seca?
“Extraer el agua fósil de las pozas hasta sobreexplotarlas”, señala la maestra Valeria Souza, del Instituto de Biología de la UNAM.
Así, todo el valle de Cuatrociénegas, pese a ser área de protección de flora y fauna desde 1994, se ha hecho forrajero.
Pero el pico más alto de producción, y de presión al acuífero, se alcanzó en la década que termina, con el patrocinio del entonces director de la Comisión Nacional del Agua (CNA), Cristóbal Jaime Jáquez, ex empleado de la poderosa lechera Lala, de Torreón, y del gobernador en turno de Coahuila, Enrique Martínez y Martínez.
Éste último “entre 2000 y 2001 convenció a las familias Tricio y Rivero —accionistas importantes del grupo Lala— y a Gustavo Díaz de León —Beta Santa Mónica, dueños de Monica’s Foods y proveedor de Nestlé— de irse al Valle del Hundido, contiguo al de Cuatrociénegas, a cosechar alfalfa.
El escándalo detonó en 2002 cuando las pozas empezaron a secarse.
La doctora Valeria Souza encabezó estas denuncias documentando la conexión entre El Hundido y Cuatrociénegas”, señala el doctor Francisco Valdés Pérezgasga, del Instituto Tecnológico de la Laguna.
“Anteriormente, a finales de los años setenta, los dueños de Soriana, de apellido Martín Bringas, empezaron a cultivar alfalfa y criar becerras en el Valle de Calaveras y secaron el arroyo que daba agua a Cuatrociénegas, impactando sus viñedos, nogaleras y huertas”, subraya.
La CNA quiso justificar:
le encargó un estudio al Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) en que presuntamente se demostraba que no había conexión entre los tres acuíferos (El Hundido, Cuatrociénegas y Calaveras), y por lo tanto, la sobreexplotación en esos dos valles no causaba la merma de las pozas. Esto irritó a los científicos.
“El IMTA no tiene la razón, hay tres artículos científicos al menos que apoyan la conexión de los acuíferos [...] su muestreo fue con maña y nunca tomaron en cuenta los puntos donde las fallas conectan los tres valles”, advierte la doctora Souza.
Los datos de conjunto en Cuatrociénegas:
el acuífero recibe 36.5 millones de m3 anuales —la salinidad de las pozas varía por esa agua de lluvia—, pero exporta 88 millones de m3: por cada litro que recibe, le sacan tres.
En buena medida, las pérdidas se dan por la conducción inapropiada, pero don René Cantú asegura que en 2010 se entubarán los canales para evitarlo.
“Cuando se saca más agua de la que entra —en el desierto por definición no entra— cualquier acuífero sufre.
Aquí sacaron muchísima agua fósil para regar un cultivo que usa mucha agua en condiciones de evaporación de 90 por ciento”, agrega la doctora Souza.
¿El área protegida ha sido herramienta útil para reducir el deterioro?
Hasta ahora no; aunque es área protegida no hay veda en el uso del agua y se sigue extrayendo mucho más de la que se recarga.
Es zona de libre alumbramiento en Cuatrociénegas y Ocampo [donde se ubica el valle Calavera], y la veda de El Hundido no ha servido porque no hay un seguimiento...
De hecho, la administración de la reserva ecológica siempre ha sido vista con recelo por parte de la población, cuna del ex presidente Venustiano Carranza.
Cuando se intentó poner orden en la visita de algunas pozas grandes, que se habían constituido tradicionalmente como sitios de recreo, hubo enfrentamientos.
Se acusó a la gestión federal de ahuyentar una fuente económica.
“Un sitio como la poza La Becerra recibía más de tres mil visitantes cuando su capacidad real no es mayor de 300”, recuerda Ivo García, director del área de protección de flora y fauna.
Por ello, esa poza permanece clausurada pese a la campaña mediática que se hizo en Monclova, la ciudad más cercana, para desprestigiar el trabajo de protección.
No todos se han opuesto.
Don Roberto Arredondo Farías, concesionario de la poza Río Mezquites, ha metido vigilancia e infraestructura para impedir desmanes.
“Va saliendo de a poquito el negocio, pero tenemos que cuidar este lugar, es único en el mundo”, señala convencido.
Por su parte, el nuevo comisariado ejidal de Cuatrociénegas, Óscar Sánchez, invita a sus compañeros a probar el cambio a cultivos que gasten menos agua, como el nopal, pues con el cambio climático, el agua se está haciendo más escasa aún. Se trata, dice, de una verdadera lucha contra el tiempo.
La búsqueda
Mientras el modelo ganadero fabrica un Apocalipsis, los científicos profundizan sus estudios sobre el origen de la vida.
La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) financió por cinco años, con 35 millones de dólares un proyecto “para comparar Yellowstone con Cuatrociénegas, y de ahí el universo; Yellowstone es una ventana al mundo volcánico de los primeros mil millones de años, Cuatrociénegas cuenta la historia de los tres mil millones que siguen”.
El proyecto “se enfoca en entender los ciclos de nutrientes […] y buscar señales de las transformaciones de los átomos por vida”. Se sospecha hubo vida en Marte “aunque probablemente esa vida no fue sustentada por las condiciones del planeta”, añade Valeria Souza.
“Hay millones de mundos posibles, ¿por qué seríamos los únicos? Los datos en la tierra indican que el origen de la vida […] probablemente se originó muchas veces aunque sólo uno de estos ‘experimentos’ sobrevivió y creó un planeta vivo”.
Es el Génesis.
En el corazón del desierto chihuahuense.



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